jueves, 19 de agosto de 2010
Expuesta
Hoy me pregunto si todo será igual que ayer; si me citarás en aquel restaurante que tanto me gusta, y te harás el entendido al pedir el vino, como siempre haces. ¡Pero si no te gusta el vino y crees que no lo sé! Me divierto tanto viéndote actuar, cuando camuflas tu nerviosismo con esa autosuficiencia de saldo.
Nunca descuido mi aspecto, intento estar perfecta en cualquier ocasión, y todo para buscar siempre amores en época de rebajas, bajando el listón de mi dignidad por algo que parecía, pero que no era. Y luego venían las decepciones, una tras otra durante años. Llegaba a casa, me miraba en el espejo y hacía una muesca más en mi lista de fracasos. Y entonces apareciste tú y me hiciste reír. Qué curioso, no recordaba desde cuándo no lo hacía; reír, sí. Y es que entre tanto chiste fácil, tanta “gracieta” estúpida, nunca había sentido agujetas en el estómago como las que tú me provocas. Lo mejor es que no lo haces aposta. Eres muy torpe por naturaleza y eso te hace adorable. Intentas hacerlo todo bien, te estresas, tartamudeas... y no te das cuenta de que triunfarás si no intentas ser quien no eres; si no cambias.
Me gusta hacer examen de conciencia a estas horas de la noche; mis pecados no tienen ya fuerzas para buscar excusas. Antes, parece que hace una eternidad, me obligaba a no perder el tiempo pensando en mis andanzas amorosas, me parecía tan ridículo el conceder un placer tan momentáneo y fatuo a ese estúpido ego que nos quiere dominar siempre... pero ahora me sorprendo porque no dejo de pensar en ti, me niego a imponerle ninguna traba a mi mente. Ya no, ya no me lastimo recordando a alguien con quien estuve, todo lo contrario. Te recuerdo y me río. Veo otra vez cómo tiras la enésima copa de vino, o me recreo en ese tropezón que das al intentar cederme el paso; me hace gracia recordarte de nuevo titubeando al querer darme un beso cuando te despides, siempre consigues hacerlo como si fuera la primera vez, y eso me encanta. Me estoy riendo ahora, ¿ves? Si es que eres muy gracioso y tú sin saberlo.
Por eso me entristece lo que voy a hacer. No te imaginas qué dilema me has causado, no sabía cómo actuar. Me has sacado de mi rutina, y en parte te odio por eso. Yo ya tenía planificada mi vida, pagando a plazos mis desahucios de amor. Tenía claro que haría cruceros en habitación individual y siempre habría un único plato en mi mesa. Sabía que moriría sola. Y ayer no se te ocurre otra cosa que pedirme que tengamos una relación seria, es decir, una relación de esas que tiene todo el mundo, lo normal. ¿Y qué es lo normal? Yo no quiero nada de eso. ¿Pero es que no te das cuenta de que no puedo ser como las demás? Nunca caminaré de tu brazo mirando escaparates, ni te utilizaré de perchero mientras me pruebo toneladas de ropa. ¡Yo he venido al mundo para otra cosa! Y es que mis planes están muy alejados de los tuyos.
Me quiero pudrir yo sola en este páramo, y deseo que seas más feliz con alguien que se ría y disfrute tanto como yo de tu torpeza. Seguro que trastabillarás al mirar a esa persona, o derramarás tu copa de vino sobre ella. Y ya no te acordarás de mí. Yo estaré ya en otras guerras, acumulando fracasos y borrando números de teléfono. Estaré satisfecha en mi desventura buscada, dentro de este agujero que me hace sentir tan cómoda. No quiero ver la salida a esta desdicha, y si lo hago correré en dirección contraria. Y no quiero que tú me acompañes, porque entonces caerías conmigo.
Siempre tendrás cerca una tela inmaculada en donde dejar manchas con olor a uva, habrá paredes donde debería haber puertas y nunca dejará de suponerte un mundo el dar un beso. Pero ya no estaré ahí para verlo. Yo tengo que seguir haciendo proyectos para intentar no avanzar más allá de donde he llegado ya, para apagar las luces cuando otros las encienden, intentando estar perfecta cada día para alguien que siempre me tendrá como segunda opción... y que jamás me hará reír como tú.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)
